Sumario
La motivación en el fútbol es ese factor psicológico que todo el mundo piensa que domina y el cual acaba desquiciando a todos por querer jugar con ella más de lo debido.Organización
La motivación en el fútbol es ese factor psicológico que todo el mundo piensa que domina y el cual acaba desquiciando a todos por querer jugar con ella más de lo debido.
Muchos entrenadores se obcecan con la motivación como método para mejorar la intensidad en los partidos, y van intentando modificarla como si pensasen que es un botón que pulsar. Normalmente se intenta aumentarla con verbalizaciones de ánimo, refuerzos positivos, premios y otros recursos que pueden dominar los entrenadores. Muchas veces me encuentro entrenadores que acaban en el límite porque aunque lo intenten con todas sus ganas no consiguen la motivación que necesitan de sus jugadores.
Lo que traigo hoy aquí, es una técnica propia del profesional de la psicología deportiva la cual no explicaré en profundidad pero diré la intención de esta técnica para que los entrenadores que quieran intenten ponerla en práctica, es el establecimiento de metas.
Un objetivo es muy poderoso, focaliza nuestra atención, evita las dudas en tomas de decisiones relacionadas con estos, aumenta la autoconfianza a medida que se va consiguiendo y, por supuesto, al suponer cierto desafío, produce una motivación intrínseca, es decir, una motivación por superarse a sí mismo y mejorar, que es la motivación más sana de todas en el fútbol.
Establecer un programa de objetivos individuales también nos proporciona una guía de temporada para programar las sesiones de entrenamiento y, si contamos con un amplio cuerpo técnico, nos permite controlar el progreso individual de numerosos futbolistas.
Para plantear objetivos, lo primero es saber dónde estamos y a dónde queremos llegar, por ejemplo, si estamos en pretemporada yo analizo mis jugadores e intuyo su potencial y a partir de ahí reúno al equipo para llegar a un acuerdo sobre el objetivo clasificatorio de la temporada, como quedar entre los 7 primeros.
A partir de ahí la idea es utilizar los propios calendarios de competición para establecer los objetivos a corto y medio plazo, utilizando microciclos y/o mesociclos. Al tener un objetivo final, nos ayuda a que el resto de objetivos individuales aporten algo a su consecución, es decir vayan en la misma línea, en el mismo camino.
Así pues si estamos en el mes de septiembre, yo me reúno con mi delantero centro que tiene unas cualidades propias de un rematador y hombre de referencia con su envergadura, y le planteo un objetivo a medio plazo como, por ejemplo, en las próximas 4 jornadas quiero que de todas las ocasiones de disparar que tengas, el 60% vayan entre los 3 palos. Al ser un objetivo basado sobre una acción y no sobre un resultado, nos permite trabajarlo en el entrenamiento, así pues, durante el mesociclo de 4 semanas ese jugador en todo ejercicio de disparo a portería deberá intentar llegar a ese porcentaje.
Dicho esto, a nivel de microciclo, puedo programarle a ese jugador que debe practicar su disparo con la izquierda de media distancia, ya que suele ser la situación donde más balones se van fuera, así pues, con la ayuda de mis asistentes coordino el trabajo grupal con el individual y microciclo tras microciclo voy aumentando la dificultad de ese trabajo de pierna izquierda a la hora de tirar a puerta.
Todo esto es solamente un ejemplo, cualquier posición del terreno de juego puede tener objetivos similares, pero como he especificado, era un delantero referencia y si hubiese sido un delantero de más recorrido quizás le hubiese marcado otro tipo de objetivo.
Una vez acaba ese mesociclo, se programa el siguiente aumentando la dificultad si se ha conseguido el objetivo con facilidad. De esta forma, mes a mes, me aseguro una motivación incondicional por la ambición de mejorar y ser cada vez más importante para el equipo de cada jugador, y con refuerzos positivos cuando se consiguen las cosas propuestas es fácil de mantener.
Pautas importantes para plantear esos objetivos:

- tienen que referirse a acciones objetivas y medibles, para no producir ambigüedad y que haya un consenso sobre si se consigue o no entre jugador y entrenador;
- no tiene que suponer mucha dificultad ni tampoco ser demasiado sencillo de hacer, la clave es que suponga un desafío, pero un reto realista y ajustado a las cualidades del jugador;
- tiene que ser consensuado entre futbolista y entrenador para que ambos perciban el beneficio de adquirir esa mejora, sino no habrá la motivación que corresponde;
- tiene que tener una medida temporal para medir cuánto tiempo tiene el jugador para intentar conseguir el objetivo, así no se produce ningún tipo de procrastinación;
- y, finalmente, tiene que ser algo que al conseguirlo produzca una mejora individual y/o colectiva.
Espero que pueda quitar la venda de los ojos de muchos técnicos, ya que casualmente, la motivación se consigue muchas veces de forma indirecta y ésta es una de las mejores estrategias de conseguirlo. Os animo a ponerlo en práctica ya que simplifica además vuestra intención de programar la temporada y os ofrece una predisposición a atender más al juego por los jugadores.
Espero que os sea de utilidad, muchas gracias por vuestra atención.
Por Óscar Bueno Abad - Psicólogo del Rendimiento Deportivo y Coach
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